Tuesday, September 05, 2006

PERLS SEGUNDA CONFERENCIA de 4















Cuatro conferencias de Frederick S. Perls: 2

Tomado de:
Teoría y Técnica de la psicoterapia guestáltica
Joen Fagan e Irma Lee Shepherd (compiladoras) 1970/2003.
Amorrortu editores. Argentina. Pp.22-44


Segunda conferencia


Además de colocar el acento en el ahora, también lo coloco en el proceso de centración, la conciliación de los opuestos para que no sigan desperdiciando energía en una lucha estéril y puedan unirse en una combinación e interacción productivas. Veamos, por ejemplo, uno de los principales problemas que la gente cree tener: el problema de su existencia.

¿Qué es lo opuesto de la existencia? La respuesta inmediata sería «la inexistencia», pero esto es erróneo. Lo opuesto de la existencia es la antiexistencia, tal como lo opuesto de la materia es la antimateria. Como ustedes saben, los científicos han conseguido crear materia a partir de la energía. ¿Qué nexo tiene esto con nosotros, los que nos dedicamos a la psicología? Fundamentalmente, que en ciencia hemos vuelto, a la postre, al filósofo presocrático Heráclito, quien afirmó que todo es flujo, movimiento, proceso. No hay «cosas». En los lenguajes orientales, la nada (nothingness) es la no-cosa (no-thingness); en Occidente pensamos la nada como un hueco, un vacío, una inexistencia. En la filosofía oriental, así como en las ciencias físico-naturales modernas, la nada –la no-cosa— es una forma de proceso, en perpetuo movimiento.

En ciencia intentamos encontrar la materia ultima, pero cuanto más dividimos la materia más nos encontramos con otra materia. Encontramos movimiento, y movimiento equivale a energía: movimiento, impacto, energía, pero no cosas. Las cosas surgen, prácticamente, por la necesidad humana de seguridad. Son manipulables, con ellas es posible jugar a la adecuación. Estos conceptos, estos «algos», pueden formar, reunidos, otro algo. «Algo» es una cosa, de modo que hasta un nombre abstracto se convierte en una cosa.

En nuestro trabajo terapéutico siempre nos topamos con la nada, y yernos que esta no-cosa es un proceso muy vivido. Supongo que el hecho de tratar con cosas significa que para volverlas a la vida, tenemos que convertirlas nuevamente en procesos. En la cosificación o transformación de un proceso en una cosa actúa lo que yo denomino el estrato implosivo, o catatónico, o muerto. Si alguien tiene un cuerpo, si tiene una mente, estas cosas son en apariencia objetos que pertenecen a cierta instancia llamada «Yo». «Yo» soy el orgulloso —o desdeñoso— poseedor de una mente, de un cuerpo, de un mundo. De manera que digo, en efecto, «Yo tengo cierto cuerpo» (cierto cuerpo) en lugar de advertir que yo soy alguien.*

En terapia guestáltica observamos la forma en que las personas utilizan el lenguaje, y comprobamos que cuanto más alienado está un sujeto de sí mismo más nombres emplea en lugar de verbos, y sobre todo el (p.27) pronombre it.* It es una «cosa» cuyo uso resulta conveniente para evitar estar vivos. Cuando estoy vivo, hablo; cuando estoy muerto, tengo un «habla» compuesta de palabras; este lenguaje tendrá una expresión, etc. Se advertirá que esta descripción es en su mayor parte una cadena de nombres, y que lo único vital que resta en todo ello es juntarlos.

Para que ustedes comprendan mejor la importancia del estrato implosivo y su papel en las neurosis, describiré en forma más completa lo que yo entiendo por los cinco .estratos de la neurosis, El primer estrato que encontramos es lo que yo llamo el estrato de Eric Berne, ó el estrato de Sigmund Freud, o el estrato falso, en el que jugamos a representar, en él que representamos roles. Coincide con la persona «como si» descrita por Helene Deutsch. Actuamos como si fuéramos tipos importantes, como si fuéramos tontos, como si fuéramos alumnos, como si fuéramos damas, como si fuéramos prostitutas, etc. Las actitudes «como si» nos exigen siempre estar a la altura de un concepto o fantasía creada por nosotros o por los demás, ya se trate de una maldición o de un ideal. Lo que ustedes llaman un ideal es para mí una maldición: un intento de apartarse de uno mismo. Su resultado es que la persona neurótica renuncie a vivir para sí misma de manera tal de realizarse: en lugar de ello, quiere vivir para un concepto, para la realización de ese concepto —como un elefante que quisiera ser un rosal o un rosal que tratara de ser un canguro—. No queremos ser nosotros mismos; no queremos ser lo que somos, sino alguna otra cosa, y el fundamento existencial de este ser otra cosa es la experiencia de la insatisfacción. Estamos insatisfechos con lo que hacemos, o bien los padres están insatisfechos con lo que hacen sus hijos: deberían ser distintos, no deberían ser como son, deberían ser alguna otra cosa.

Viene luego la religión, la filosofía, el violín y las cuerdas: debemos ser hermosos y maravillosos, y, en caso de ser cristianos, debemos ser inmateriales. En el Nuevo Testamento la naturaleza no cuenta: solo cuenta lo sobrenatural, lo milagroso. Por ende, no tendría que haber materia. Y si estamos muertos, no deberíamos estarlo. Se considera todo como si no debiera existir tal como es. En otros términos, la constitución con la que vinimos al mundo —nuestra herencia— es objeto de desprecio. No se nos permite sentirnos cómodos en nosotros mismos, de modo que enajenamos esas desdeñadas cualidades y creamos los agujeros de los que hablé en mi primera conferencia, los huecos, la nada donde algo debería haber; y allí donde falta algo, erigimos un objeto falso. Nos conducimos como si poseyéramos realmente esa cualidad exigida por la sociedad y que a la postre se convierte en una exigencia de lo que Freud llamó el superyó, la conciencia moral (conscience). Esto viene a estar representado por. el opresor (top-dog) en esos juegos en que este tortura al oprimido (under-dog), a la otra parte de sí mismo, exigiéndole lo imposible: «Y bien: ahora, ¡vive de acuerdo con ese ideal!».

Sería lindo poder convertirse en esas personas maravillosas, pero Freud
olvidó un elemento importante, que debemos añadir. El superyó no se (p.28) opone, como creía Freud, al yo o al ello, o a una constelación de impulsos, recuerdos o energías.'El opresor se opone a otra personalidad, a la que yo llamo el oprimido. Cada uno de ellos tiene sus propias características y ambos luchan por el control. El opresor se caracteriza principalmente por su rectitud: ya sea que esté o no en lo cierto, siempre sabe qué es lo que él oprimido debería hacer; pero cuenta con muy pocos medios para reforzar sus exigencias. En realidad, es un camorrista y trata de salirse con la suya profiriendo amenazas. Si uno no hace lo que él indica será castigado o le ocurrirá algo terrible. El oprimido, destinatario de estas órdenes, nada tiene de virtuoso; por el contrario, se siente muy inseguro de sí mismo. No se defiende ni trata de asumir el control mostrándose a su vez camorrista o agresivo, sino por otros medios: «Mañana», «Te lo prometo», «Sí, pero. . .», «Hago todo lo que puedo». De manera pues que ambos, el opresor y el oprimido, viven en una frustración mutua y en un intento continuo de controlarse uno a otro.

A esto denomino el primer estrato o estrato falso, estrato que comprende estos roles, los juegos del opresor y el oprimido, los juegos del control. Si alguna vez tomamos conciencia de la falsedad, de los juegos que estamos practicando, y tratamos dé ser más honestos o auténticos, experimentamos dolor, incomodidad, desesperación, etc. En particular, nos disgusta la experiencia de la crueldad. No debemos dañar a nuestros vecinos ni a ninguna otra persona. Olvidamos totalmente que una de las leyes básicas de la naturaleza es matar para vivir. No hay criatura viviente ni sustancia orgánica alguna que pueda perdurar sin matar a otros anímales o plantas. De todas las especies, únicamente el hombre se niega a aceptar la necesidad de matar y procede a matarse a sí mismo; únicamente el ser humano mata, no por necesidad, sino por codicia y para alcanzar poder. En la actualidad, sobre todo, en que el individuo es sustituido por esos superorganismos llamados Estados o naciones, se ve privado de su necesidad de matar, que ha transferido al Estado.

La matanza y la destrucción lo confunden todo. En realidad, hasta para comer una manzana tenemos que destruir la sustancia que la compone. Destruimos la manzana como unidad, fragmentándola en pequeños trozos con nuestros dientes, moliéndola con nuestras muelas y disolviéndola químicamente hasta que no queda de ella más que aquello que no podemos asimilar, y por ende eliminamos.

Una vez que somos capaces de entender nuestra renuencia a aceptar las experiencias desagradables, pasamos al siguiente estrato, el estrato fóbico, la resistencia, la objeción a ser como somos. En él tienen lugar todos los no se debe a los que me referí antes.

Si vamos más allá del estrato fóbico, de las objeciones, encontramos que en ese momento se produce el impase. Y en él tenemos la sensación de no estar vivos, de estar muertos. Sentimos que no somos nada, que somos cosas. En cada momento de la terapia tenemos que atravesar este estrato implosivo para llegar al sí-mismo auténtico. Es aquí donde naufragan la mayoría de las terapias y de los terapeutas, por que también ellos temen a la muerte. Por supuesto, no se trata de estar muertos, sino del temor y de la sensación de estar muertos, de desaparecer. Se toma la fantasía por realidad. Una vez que hemos dejado atrás (p.29) el estrato implosivo, vemos que ocurre algo muy particular, y que se aprecia en su forma más espectacular en el estado catatónico, en el cual el paciente, que se presentaba como un cadáver, estalla a la vida. Tal es lo que sucede .cuando se diluye el estado implosivo: una explosión. La explosión es el ultimo estrato neurótico y tiene lugar cuando atravesamos él estado implosivo. A mí entender, esta progresión es necesaria para llegar a ser auténtico. Hay .cuatro tipos esenciales de explosión: estallidos de alegría, de aflicción, de orgasmo, de ira. A veces son explosiones muy leves; ello depende del monto de energía investida en el estadio implosivo.

Tal vez pueda aclarar mejor cuándo se produce el estado catatónico, el estado implosivo, refiriéndome a la fisiología. Ustedes saben que para mover un músculo se envía a él una descarga eléctrica y el músculo pega una brusca sacudida. Si se interrumpe la descarga, el músculo vuelve a sacudirse. Para mantenerlo contraído es preciso repetir de continuo las descargas eléctricas. Pueden imaginar entonces cuánta energía se invierte en el estado catatónico, o en cualquier oportunidad en que el sujeto entra en tensión, para mantener esa tensión, esa rigidez. Y si esa energía no es invertida en conservar esa rigidez, queda libre para realizar todo tipo de actividades —pensar, trasladarse de un lugar a otro, estar vivos—. Si se la libera en forma súbita, la energía aprisionada explotará. La implosión se convierte en explosión, la compresión en expresión.

Creo que ha llegado el momento de dar al grupo una oportunidad para que formule preguntas y observaciones sobre esta conferencia.

Pregunta: Tú dijiste que el pasaje del estrato implosivo a la explosión puede ser percibido como un peligro tanto por el paciente como por el terapeuta, y que tal es probablemente la razón del estrato implosivo. ¿Cómo logran paciente y terapeuta superarlo? Uno de mis pacientes explotó de un estado catatónico en el orgasmo, y parecería que fuera a volver al estrato implosivo o catatonía porque de ninguna de las dos maneras logra adaptarse.

Perls: Una de las cosas que deben recordar es que para funcionar correctamente una persona debe tener a su alcance las cuatro posibilidades de explosión. Una persona que pueda explotar en el orgasmo, pero no en la ira o en la aflicción o en la alegría es incompleta. Tú aludes a lo que denominé el estrato fóbico, en el que se evita experimentar tensión a causa de fantasías catastróficas, el temor al riesgo. Cuando hay tanta energía contenida, es tanta la energía o élan vital que se acumula que la persona no puede contenerla más, y la explosión puede producirse de manera muy violenta.

Comentario: Me recuerda a la explosión que se produce cuando se separan los átomos... la fisión.

Perls: Fusión o fisión. Hay un proceso en el que la explosión y el peligro de la explosión suelen atenuarse: el proceso de la fusión. A menudo descubrirán que en cierto punto se sienten conmocionados, se sienten involucrados, y empiezan a fundirse, se sienten blandos o estallan en llanto. Esta es una de las maneras de amortiguar una explosión dañina; pero, básicamente, uno debe estar dispuesto a afrontar riesgos.

Pregunta: Esa fusión, ¿es ternura? (p.30)

Perls: La ternura es una forma de la fusión. Descubrirán que luego de una buena explosión se sentirán tiernos en el sentido de sutiles y delicados. Ahora bien: cuando se habla de ternura, entro en sospechas. Parecería que la ternura fuera lo que está en el núcleo interior de la rudeza, y hacerse el rudo es uno de los aspectos principalísimos de los roles representados por la juventud norteamericana de nuestra época.

Pregunta: ¿Podrías aclarar un poco eso de. . . de que la juventud representa el papel de la rudeza?

Perls: ¿De dónde extrae el niño norteamericano una buena parte de la información que posee? De las historietas. ¿Y qué expresan las historietas? ¿Hablan acaso acerca de un hombre y de una mujer? No. Hablan del «macho» y de la vampiresa. Este concepto del hombre se asemeja más al hombre de las cavernas que al hombre auténtico —y es difícil definir a este último: un hombre que vive de acuerdo con sus convicciones, en ese sentido—. El mensaje que transmite la historieta es que un hombre tiene que ser «macho» pues de lo contrario es un maricón. No tiene otra opción, salvo convertirse en un as del béisbol o en un homosexual. Sólo como homosexual se le permite ser tierno, ser suave. Lo mismo se aplica al sexo femenino. Puede estimarse aproximadamente que las norteamericanas se dividen en un 90% de prostitutas y un 10% de mujeres. La mujer debe convertirse en prostituta porque tiene que convertirse en vampiresa. En su calidad de vampiresa, tiene que pasar todo el tiempo luciendo fotogénica y mostrándose en lugar de tener ojos, genitales y relaciones con la gente. Esto origina en ella una cierta irritación permanente, una hostilidad permanente. Ve en el hombre a un enemigo, y la única manera de controlarlo es transformarse en una prostituta. Es así como el macho y la prostituta armonizan entre sí como personajes principales de la escena norteamericana.

Pregunta: Sólo te oí mencionar cuatro de los estratos de la neurosis.

Perls: El estrato falso, el fóbico, el impase, el implosivo, el explosivo. Si adopto estas categorías y convierto un proceso en una cosa, por favor sean tolerantes y comprendan que no es más que una aproximación a lo que el proceso es.

Pregunta: ¿Es en el nivel falso en el que se llevan a cabo los juegos?

Perls: Sí.

Pregunta: Y el estrato implosivo es donde se hallan los motivos de los juegos, ¿no es así?

Perls: No. No hay motivos para los juegos.

Comentario: Entonces no entiendo el estrato implosivo.

Perls: El estrato implosivo es aquel en que se paralizan y quedan inactivas las energías necesarias para vivir. Para liberarlas debemos pasar por el proceso de explosión. Sí tengo sed, no necesito ir al bosque a buscar un manantial; esta sería la manera biológica, primitiva, de calmar mí sed. En nuestra cultura, debo recurrir a cierto número de manipulaciones. Por ejemplo, en esta conferencia, toco un timbre, formulo mi pedido al ordenanza y cumplo todo tipo de procesos a fin de obtener el agua que equilibre el déficit de mi organismo. En la cultura en que vivimos, para satisfacer nuestras necesidades tenemos que representar roles. Yo podría salir al corredor y explotar gritando «¡Eh, tú! ¡Quiero (p.31) algo para beber!». Pero no lo hago. Desempeño los roles prescriptos, soy cortés y atento.

Pregunta: ¿Podrías agregar algo más acerca del estrato fóbico?

Perls: La principal actitud fóbica que se me ocurre es la fobia a descubrir la vida. Con el objeto de evitar vivir una vida en la que descubramos al mundo y a nosotros mismos, tomamos con frecuencia el atajo de obtener información. Es lo que ustedes acaban de hacer: me pidieron información. Pero ustedes podrían haberse lanzado a descubrir en qué aspectos son fóbicos, o en qué aspectos lo son los demás —cuáles son las cosas que ustedes o ellos evitan—. En cambio, me han formulado preguntas para alimentar su computadora, su sistema pensante. La actitud fóbica básica consiste en tener miedo de ser lo que uno es. Y si uno se anima a investigar cómo es, halla alivio inmediato. De pronto, se encontrará entregándose a fantasías catastróficas. «Sí soy como soy, ¿qué habrá de sucederme? La sociedad me condenará al ostracismo. Si le digo a mi jefe que se vaya al diablo, perderé el empleo. Si le digo a mi esposa qué es una ramera, no querrá acostarse más conmigo», etcétera, etcétera. De ese modo uno se vuelve fóbico, comienza a manipular y a representar roles. En lugar de decir «Sos una ramera», contrae los labios y no dice una palabra; pero experimenta una contracción que señala indirectamente que no le gusta cómo es su mujer o lo que está haciendo. Por temor a explotar, el individuo se implota.

Pregunta: En el nivel del impase, ¿se tiene miedo de ver al mundo tal cual es?

Perls: No, hay algo más. El impase se produce toda vez que uno no está preparado o dispuesto a utilizar sus propios recursos (sus ojos inclusive) y no dispone de apoyo ambiental inmediato. El ejemplo extremo de impase es el recién nacido cianótico: la madre ya no le suministra oxígeno, y él todavía no es capaz de abastecerse de oxígeno. Se halla, en cuanto a su respiración, en un Impase y tiene que encontrar una forma de respirar o ha de morir. Otro buen ejemplo de impase es el matrimonio típico en el que los cónyuges no se quieren pero cada uno de ellos tiene un concepto acerca de cómo debería ser el otro. Ninguno de los dos tiene casi una mínima idea de cómo es el otro, y en cuanto la conducta de su pareja no se ajusta a lo que espera, empieza a sentirse insatisfecho y a jugar al juego de las culpas: el marido la culpa a la mujer, diciéndole que debería cambiar, y se culpa a sí mismo, diciéndose que él debería cambiar. . . en vez de advertir que están en un impase porque están enamorados de una imagen, de una fantasía. Están varados, pero no saben cómo lo están: de ahí el impase. La consecuencia del impase es que se mantiene el statu quo. Tal vez quieran cambiar, pero no lo hacen; mantienen el statu quo porque tienen demasiado temor de atravesar el ímpase.

Pregunta: ¿Qué es lo que rompe el impase?

Perls: El impase no puede romperse.

Pregunta: ¿Es preciso aceptarlo?

Perls: Podría decirse algo así. Lo increíble y difícil de comprender es que la experiencia, la conciencia del ahora, basta para resolver todas las dificultades de esta índole, vale decir, las dificultades neuróticas. Si uno es plenamente consciente del impase, este se diluirá y de repente uno encontrará que lo ha dejado atrás. Sé que esto suena algo místico, (p.32) de modo que daré un ejemplo. Hay dos platos en el menú y no puedo decidirme por uno u otro; ahora bien: la naturaleza no obra por decisiones sino por preferencias: si se prefiere una comida a otra, se salva el impase.


FIN DE LA SEGUNDA CONFERENCIA

FRITZ PERLS PRIMERA CONFERENCIA de 4



Cuatro conferencias[1] de Frederick S. Perls



Tomado de:
Teoría y Técnica de la psicoterapia guestáltica
Joen Fagan e Irma Lee Shepherd (compiladoras) 1970/2003.
Amorrortu editores. Argentina. Pp.22-44



Primera conferencia

En mis charlas sobre terapia Guestáltica me guía un solo propósito: impartir una fracción del significado de la palabra ahora. Para mí, sólo el ahora existe. Ahora = experiencia = conciencia = realidad. El pasado ya no está y el futuro no ha llegado todavía. Únicamente el ahora existe.

La situación que exhibe la psicología de nuestra época es que estamos divididos básicamente en dos categorías: los interesados en la conducta y los interesados en la conciencia (awareness) o falta de conciencia —sea que se la llame estado de conciencia (consciousness),* experiencia o de alguna otra manera—. El enfoque fenomenológico pone el acento en los mensajes evidentes por sí mismos —existenciales en el puro sentido de la palabra— que recibimos a través de los órganos de nuestros sentidos. Gracias a que vemos, oímos y sentimos es que conocemos: ello nos suministra la información primaria acerca de nosotros mismos y de nuestra relación con la vida. Al conductista, en cambio, no le preocupa el fenómeno de la conciencia ni el enfoque subjetivo; pero su método tiene sobre casi todos los demás la gran ventaja de trabajar con el aquí y ahora: ve a este animal, mira a esta persona e investiga de qué modo se comporta este individuo. Si se combina el enfoque fenomenológico, con su conciencia de lo que es, y el enfoque conductista, con su énfasis en la conducta presente, se obtiene una síntesis de lo que estamos tratando de lograr en terapia guestáltica. Cuando observamos la conducta, nos encontramos con dos clases básicas: conducta pública y conducta privada. La primera es la conducta manifiesta y observable "de la que pueden tener conciencia los observadores y nosotros mismos, mientras que la segunda incluye aquellas cosas de las que nosotros podemos ser conscientes pero no un observador. A esta última suele llamársela pensamiento, ó especulación, o ensayo, o computación.

Antes de proseguir quisiera analizar brevemente cuatro enfoques filosóficos, tal como yo los veo. El primer enfoque es la ciencia —a la que denomino «sobreísmo»— y nos permite hablar sobre ciertas cosas, conversar sobre nosotros o sobre alguna otra persona, informar sobre lo que esta ocurriendo dentro de nosotros, discutir sobre nuestros casos clínicos. El hablar sobre cosas, o sobre nosotros y los demás cómo si fuéramos cosas, evita toda respuesta emocional u otra involucración (p.22) genuina. En terapia, encontramos el sobreísmo en la racionalización y la intelectualización, así como en el «juego de las interpretaciones» en el que el terapeuta dice «Sobre esto versan sus dificultades». Este enfoque se basa en la no involucración (noninvolvement).

A la segunda filosofía la denomino «debeísmo». La mentalidad del «debe» se encuentra manifiesta o encubiertamente en toda filosofía y, sin lugar a dudas, en toda religión: Aun en el budismo hay un debeísmo implícito, ya que se nos dice que debemos experimentar el Nirvana, que debemos alcanzar el estado en que estamos libres de todo sufrimiento; al menos, se lo alaba como algo que vale la pena lograr. Las religiones están llenas de tabúes, de «debes» y «no debes». Estoy seguro de que todos ustedes perciben que crecen completamente rodeados por lo que deben y no deben hacer, y que insumen gran parte de su tiempo en jugar a este juego en su interior —el juego al que doy en llamar «juego del opresor y el oprimido», o «juego del automejoramiento», o «juego de la autotortura»—. Tengo la convicción de que les resulta muy familiar este juego. Una parte de ustedes se dirige a la otra y le dice: «Debes ser mejor, no debes ser así, no debes hacer eso, no debes ser como eres, debes ser como no eres». El debeísmo se funda en el fenómeno de la insatisfacción.

En los últimos tiempos ha surgido un tercer tipo de pensamiento: el ontológico, o enfoque existéncial, o «ser-ismo». El serismo observa y percibe el mundo tal como es, tal como somos, anulando la significación y encerrando entre paréntesis lo que debemos ser. A esto podría denominárselo la eterna tentativa por alcanzar la verdad. Pero, ¿qué es la verdad? La verdad es uno de los que yo llamo «juegos de la adecuación».

Aquí habré de apartarme un minuto del tema y hablar acerca de algunos de los juegos importantes. Uno de los juegos principales que jugamos es el «juego del único ganador»; «Yo soy mejor que tú», «Yo puedo superarte», «Yo puedo abatirte». Otro juego importante es el «juego de la adecuación»; « ¿Se adecua este concepto a la realidad?», «¿Es esto correcto?», «Si yo veo tal y cual cosa, ¿puedo hacer que se adecuen entre sí de modo de tener ante mis ojos un cuadro amplio?», «¿Se adecua la conducta de esta persona a mi concepto de lo que es un comportamiento correcto?». Estos son algunos de los juegos de la adecuación. Ahora bien: en el existencialismo, el juego de la adecuación es la verdad. Entiendo por «verdad» tan solo la aseveración de que una formulación nuestra se adecua a la realidad observable. Si alguien dice «Estoy enojado contigo» en un tono de voz suave y cortés, este no parece adecuado, sino incongruente con respecto al enojo que dice tener. Si grita, en cambio, « ¡Estoy enojado contigo, maldito!», su ira y su voz se adecuan una a otra.

Pero ningún existencialista, con la posible excepción de Heidegger, puede realmente trasladar su idea existencial a la conducta ontológica —que una cosa se explica por su misma existencia—. Se preguntan una y otra vez «¿Por qué?», y deben seguir entonces retrotrayéndose y pidiendo apoyo: Sartre al comunismo, Buber al judaísmo, Tillich al protestantismo, Heidegger al nazismo en cierta medida, Binswanger al psicoanálisis. Binswanger, en particular, está tratando siempre de volver a lo causal —esa confusión semántica—, de explicar el suceso (p.23) por su precedente, por su historia, incurriendo así en el error habitual de mezclar los recuerdos con la historia.

Tenemos, por último, el enfoque guestáltico, que trata de comprender la existencia de cualquier suceso a través del modo en que se produce, que trata de comprender el devenir merced al cómo, no al porqué, merced a la omnipresente formación guestáltica; merced a la tensión de la situación inconclusa, que es el factor biológico. En otras palabras, en terapia guestáltica tratamos de ser congruentes con todos los restantes sucesos, en especial, con la naturaleza, pues somos parte de ella. El hecho de que nuestra vida no sea compatible con las exigencias de la sociedad no obedece a que la naturaleza esté equivocada o a que nosotros estemos equivocados, sino a que el proceso que ha sufrido la sociedad la ha apartado tanto de un funcionamiento sano, natural, que nuestras necesidades y las de la sociedad y las de la naturaleza ya no concuerdan más. Nos topamos repetidamente con ese conflicto, al punto que se vuelve dudoso que pueda existir en nuestra insana sociedad una persona sana, totalmente cuerda y honesta.

Quisiera, analizar ahora los que son, a mi juicio, los dos descubrimientos más importantes de Freud. Freud afirmó (no es esta la manera como él lo formuló, sino como yo he comprendido lo que él quiso decir) que en la neurosis hay una parte de nuestra personalidad o de nuestro potencial que no está disponible. Pero lo dijo de un modo extraño; dijo: «está en el inconsciente», como si existiera algo semejante a el inconsciente, en vez de haber simplemente conducta o emociones desconocidas o no disponibles. Freud vio, asimismo, que lo que él denominó «preconsciente» constituía la base de la formación guestáltica. Nosotros decimos que es el «fondo» sobre el cual aparece la figura. Podemos ir aún más lejos y señalar que solo una pequeña porción de" nuestro potencial —de lo' que podríamos ser— está disponible.

El otro descubrimiento importante de Freud, que nunca retomó y que parece haberse perdido, es su observación «Denken ist Probearbeit» («El pensamiento es trabajo de ensayo»), que yo he reformulado de este modo: «El pensamiento es un ensayo teatral», un ensayo que se lleva a cabo en la fantasía del rol que debe representarse en la sociedad. Y cuando llega el momento de la representación y uno no esta seguro de que»esta sea bien recibida, aparece el miedo al público (stage fright). A este último la psiquiatría le ha dado el nombre de «ansiedad»: «¿Qué diré cuando esté ante la mesa examinadora?», «¿Sobre qué hablaré en mí conferencia?». Al acudir a una cita con una mujer, uno piensa, «¿Qué ropa me pondré para impresionarla?», y. así por el estilo. Todo esto es ensayar el papel que habrá de representarse. Creo que la frase de Freud, «Denken ist Probearbeit», es una de sus grandes ideas.

La razón de que Freud no pudiera retomarla más adelante reside, en parte, en que todo ensayo se refiere al futuro, mientras que a Freud le preocupaba el pasado. De modo que ese concepto no concordaba con su teoría general y debió abandonarlo. Pero me gustaría que se detuvieran un momento a pensar cuánto tiempo y cuánto potencial invierte cada uno de ustedes en reflexionar o ensayar para el futuro en comparación con el que invierten en meditar sobre el pasado.
Volvamos al ahora.
(p.24)
Sostengo que toda terapia puede llevarse a cabo únicamente en el ahora. Cualquier otro método constituye una interferencia. Y la técnica que nos permite comprender el ahora y permanecer en el es «el continuo de conciencia», por el cual se descubre y se toma cabal conciencia de cada experiencia real. Sí nos mantenemos en él, pronto nos enfrentamos con una experiencia desagradable; por ejemplo, nos aburrimos, o nos sentimos incómodos, o nos vienen ganas de llorar. En ese momento sucede algo que Freud no llegó a ver con claridad: nos volvemos fóbicos. Freud vio que se producía un bloqueo activo para eliminar la experiencia, y lo denominó «represión»; vio también la alienación de nuestra experiencia y la denomino «proyección». Lo que quiero puntualizar es que el momento crítico está dado por la frecuente interrupción de nuestra experiencia en el ahora, sea cual fuere esta. Esta interrupción tiene lugar por varios medios: iniciamos una explicación, descubrimos súbitamente que hemos abusado del tiempo de que disponemos dentro del grupo, recordamos que teníamos que hacer algo importante, o nos entregamos al vuelo esquizofrénico de ideas que el psicoanálisis llama «asociación libre» (aun cuando se trata de una di-sociación compulsiva). Esta interrupción del continuo de conciencia impide la maduración, impide que la terapia tenga éxito, impide que la vida conyugal sea más rica y profunda, impide que se solucionen los conflictos internos. El único propósito de esta tendencia a la evitación es mantener el statu quo.

¡Y qué es el statu quo? El statu quo consiste aferrarnos a la idea de que somos niños. Esto contraría el punto de vista psicoanalítico. Freud suponía que éramos infantiles a causa de un trauma anterior, pero esto no es sino una racionalización retrospectiva. Somos infantiles porque tenemos miedo de asumir responsabilidades en el ahora. Asumir nuestro lugar en la historia, ser maduros, significa renunciar a la idea de que tenemos padres, de que tenemos que mostrarnos sumisos o rebeldes, o alguna de las otras variantes del rol de niños que representamos.

Para ampliar esto último debo hablar de la maduración. La maduración es el pasaje del apoyo ambiental a la autonomía. El bebé depende por entero del apoyo ambiental. A medida que crece, aprende a pararse sobre sus propios pies, a crear su propio mundo, a ganarse la vida, a adquirir independencia emocional. Pero en el sujeto neurótico este proceso no sigue su curso normal. El niño —o el neurótico infantil— no utilizará su potencial en favor de su autonomía sino para representar roles espurios, cuyo objetivo es movilizar al ambiente para conseguir apoyo en lugar de movilizar el potencial propio. Manipulamos el ambiente mostrándonos desvalidos, haciendo el papel de tontos, formulando preguntas, halagando y adulando a los demás.

El resultado de ello es que llegamos en la vida —y especialmente en la terapia— al «punto enfermo» (como lo llaman los psiquiatras rusos), al punto en que quedamos varados, al «impase». El impase se produce cuando no podemos apelar a nuestros propios recursos y no obtenemos apoyo ambiental. En terapia guestáltica nos encontramos con que esto ocurre una vez, y otra, y otra. Por desgracia, el psicoanálisis tiende a fomentar la infantilidad y la dependencia, primero por sus fantasías acerca de que el paciente es un niño y todo debe vincularse (p.25) con la «imagen del padre» o con el «trauma infantil» o con la «transferencia», y luego, al proporcionar una y otra vez apoyo ambiental en la forma de interpretaciones intelectuales que rezan así: «Sé que usted es tonto e inmaduro. Sé lo que usted está haciendo. Sé más que usted. Se lo explicaré todo». Pero ello le impide al sujeto comprenderse verdaderamente a sí mismo.

Es por este motivo que soy absolutamente dogmático en cuanto a que nada _existe más que en el ahora, y que en el ahora el individuo se conduce de un modo que "podrá o no facilitar su desarrollo, _su adquisición de una mayor aptitud para hacer frente a la vida, para conseguir lo que antes estaba fuera de su alcance, para comenzar a llenar los huecos de su existencia. Todos tenemos, en alguna medida, los huecos tan evidentes en los neuróticos y esquizofrénicos. Hay personas sin ojos, otras sin oídos, sin piernas que las sostengan, sin perspectiva, sin emociones. Para llenar estos huecos, que suelen experimentarse como tedio vital, vaciedad, soledad, debemos superar el impase y sus frustraciones, que por lo general nos lleva a evitar tales frustraciones y con ellas todo el proceso de aprendizaje.

Ahora bien: hay dos formas de aprender. La primera consiste en obtener información; conseguimos—que-alguien nos informe sobre el significado de nuestros sueños,-sobre la utilidad de tal o cual concepto, o que nos diga cómo es el mundo. Luego introducimos esta información en nuestra computadora y ponemos en práctica el juego de la adecuación. ¿Se adecua este concepto a este otro? Pero la mejor manera de aprender no reside en computar información. Aprender es descubrir: des-cubrir lo que tenemos delante.. Cuando descubrimos, estamos descubriendo nuestra propia capacidad, nuestros propios ojos, para encontrar nuestro potencial, para ver qué es lo que está pasando, para descubrir de qué manera podemos hacer más amplia nuestra vida, para recurrir a medios que nos permitan hacer frente a una dificultosa situación. Y a mi juicio todo esto tiene lugar en el aquí y ahora. No toda especulación acerca de las cosas, no toda tentativa de obtener información y ayuda externas producen maduración. De modo que las personas que trabajan conmigo tienen que hacerlo mediante una referencia continua al presente. «Estoy experimentando esto; ahora siento esto; en este momento no siento más deseos de trabajar; en este momento estoy aburrido». A partir de ello podemos pasar a diferenciar qué fragmento de la experiencia presente le es aceptable al individuo, cuándo siente deseos de huir, cuándo se muestra dispuesto a tolerarse a sí mismo, cuándo siente que los demás lo toleran, etc. Todo esto se investiga en la realidad, en. el encuentro actual de cada cual con los demás.

Dicho de otro modo, mientras que la mayoría de las psicoterapias tratan de llegar a lo más profundo, nosotros intentamos llegar a lo más superficial. A medida que surgen las necesidades, las situaciones inconclusas, somos controlados por esa necesidad emergente y precisamos ponernos en contacto con el mundo para satisfacerla. Utilizamos nuestros sentidos para observar, para ver lo que está sucediendo. El mundo se abre. Esta capacidad de ver es la salud. A la inversa, puede definirse al neurótico como aquel que no puede ver lo obvio —tal cual ocurría en ese cuento de Anderson en el que solamente el niño señalaba lo evidente: que el rey estaba desnudo—. Es por este motivo que cuando (p.26) comienzo a hablar con un grupo suelo jugar al maestro de escuela y pedirles que descubran y verbalicen lo obvio.

FIN DE LA PRIMERA CONFERENCIA

[1] Transcripción de las charlas pronunciadas por el autor en el Laboratorio de Terapia Guestáltica de Atlanta, en 1966.

Friday, September 01, 2006

psicoterapia gestalt de Robine








TERAPIA GESTALT
Jean-Marie Robine (1998)
GAIA Ediciones.
España (Madrid)












TERAPIA GESTALT: UNA INTRODUCCION EUROPEA

Para M. Robine, Frederick S. Perls inicio la elaboración de la terapia Gestalt (TG) en 1942, pero es con el equipo neoyorquino, de Laura Perls y P. Goodman, en 1951 que se establecen realmente las bases teóricas de su método, reuniendo fundamentos de la Psicología de la Gestalt, de las investigaciones psicoanalíticas, fenomenológicas y existenciales.

La TG hace énfasis en la conciencia del momento presente “…en los niveles corporal, afectivo y mental de manera indisociable. El aquí y ahora pasa a constituir así una experiencia totalizadora, actual, referida al organismo como globalidad. Esta experiencia implica asimismo el recuerdo, las vivencias anteriores, los fantasmas, las situaciones inconclusas, las anticipaciones y los proyectos…”. [1]

¿Qué ocurre en el momento presente? Para Robine, lo que fundamentalmente ocurre es una EXPERIENCIA DE CONTACTO, tanto con el prójimo como con el entorno del sujeto. ¿De que se ocupa entonces, el proceso psicoterapéutico? Se encarga de la concienciación del modo como “el sujeto puede distorsionar esa experiencia, ignorar o negar sus necesidades y deseos, encerrarse en reiteraciones de situaciones anteriores o impedir un contacto de ajuste creativo al entorno.” [2]

Al tomar conciencia de la experiencia presente, el sujeto vive nuevas experiencias de contacto partiendo de un conocimiento y una capacidad de elección que vuelve a descubrir, ya ahí, en las necesidades claramente identificadas. Es el accionamiento corporal el que explora la experiencia, “…otorgándole energía y posibilitando la creación de condiciones favorables para el desarrollo, la integración y el cambio, a lo que podemos llamar la unificación de la persona.”.[3]

Para Robine la TG, constituye “un análisis del proceso que lleva de la presencia ante sí mismo a la presencia ante el mundo, dando acceso constitución de formas flexibles y ajustadas, es decir, a la responsabilidad creadora.” (Robine, 1998:11)



CAP. 1 NACIMIENTO Y EVOLUCIÓN DE LA TERAPIA GESTALT

Perls, se instala ya pasando los 50 años de edad, en Nueva York, después de finalizada la segunda guerra mundial. Se formo en el psicoanálisis y la psiquiatría de la época. Emigrado a Suráfrica, había fundado ahí el Instituto de Psicoanálisis. Sus influencias intelectuales en esa época, son de quien sería su esposa, Laura, doctorada en psicología de la Gestalt. Con quien además se ve en contacto con los existencialismos de M. Buber y Paul Tillich. La influencia de Kart Goldstein, con quién laboro como ayudante Perls, proponía un enfoque global del ser humano. Tambien se reconoce la huella de Max Reinhardt, fundador de una escuela teatral, asi como de la Bahaus, movimiento estètico que deja huellas en la vida cultural de Berlin en los años 20. Respecto al Psicoanálisis, entre sus analistas y supervisores estuvieron Karen horney, Clara Happel, Elena Deutsh, Paul Schilder y especialmente, Wilhelm Reich, quien introdujo activamente, la dimensión corporal en la psicoterapia. La noción de holismo, se le reconoce a J.C.Smuts, filósofo y político surafricano. Estas múltiples influencias son reunidas por Perls, en su primer libro, El yo. El hambre y la agresividad, en 1942. Que de acuerdo al subtitulo “Revisión de la teoría de Freud y de su método”, marca una distancia de lo que sentaría las bases de una futura psicoterapia.


LA CREACIÓN DE LA TERAPIA GESTALT Y LA CONTRIBUCIÓN DE P. GOODMAN

Instalado En Nueva York, con apoyo de Karen Horney y Erich Fromm, inicia su colaboración con el escritor Paul Goodman: “Si bien es cierto que Perls poseía genio para la intuición clínica y teórica, no era un intelectual brillante, ni mucho menos un escritor de talento. Necesitaba un negro que diera forma a un manuscrito en el que había trabajado en sus doce años en Suráfrica.”[4]

Goodman pone su saber literario, filosófico y psicoanalítico al servicio de las ideas de Perls, dando “estructura, coherencia y densidad” a las intuiciones de Fritz. De aquí surge en 1951, el libro fundacional La Terapia Gestalt. Por exigencia del editor se tuvo que incluir una parte práctica, que fue redactada por Hefferline, reproduciendo experimentos con estudiantes universitarios, y que tuvo un efecto adverso a la aceptación de este libro-manifiesto. Un grupo pequeño, alrededor de los Perls, creara el primer Instituto de Terapia Gestalt, precisamente el de Nueva York. En Cleveland, con E. Polster, casi de inmediato inicia la formación de terapeutas con este enfoque. En la costa Oeste, por otra parte, alrededor de Jim Simkin, se inician trabajos en California.


LOS AÑOS DE CALIFORNIA: LA EXPANSIÓN

Es a mediados de los sesentas que, invitado Perls a residir en Esalen, la nueva Meca del Movimiento del Desarrollo del Potencial Humano, surge una potenciación mutua dándose una expansión considerable de la Terapia Gestalt. Para Robine, la búsqueda de Perls de satisfacer el gusto del momento, le llevo a reemplazar la teorización con eslóganes mordaces o incisivos y la exigencia de novedad a caer en la incoherencia en relación a las bases del proceso, entendiendo la teorización como “masturbación de las meninges”.

Es a consideración de Robine, este periodo donde la falta de rigor y los excesos perjudicaron la credibilidad en la Gestalt, y llegar incluso a considerar que “aprendices de brujo” y oportunistas, ejercían este enfoque, pensando además que carecía de sustento teórico serio.


DESPUÉS DE PERLS

Tras la muerte de Perls en 1970, algunos se volcaron hacia otras metodologías, siguiendo modas. Otros, pensando que no había fundamentación teórica profunda, conservaron la metodología y técnicas gestálticas, pero con teorización psicoanalítica, sobre todo anglosajona. Otros más cubrieron sus carencias acumulando y asociando técnicas.

“Finalmente, algunos retornaron a las fuentes olvidadas, a los textos fundacionales, a los formadores practicantes que no habían cesado de apoyarse en ellos y desarrollarlos. Así fue como Laura Perls e Isadore Fromm en especial… volvieron a salir de la sombra a la que las había arrojado el sol californiano de Perls, posibilitando que gran parte de la comunidad gestáltica reencontrase el sentido de esta trayectoria en su radicalidad y su creatividad alrededor de la teoría del self esbozada por Perls y Goodman en 1951.” (Robine, 1998:24.)


SITUACIÓN ACTUAL

En Europa, actualmente la terapia Gestalt reencontrando sus raíces culturales (psicoanálisis, fenomenología, existencialismo, teoría de la Gestalt, etc.) experimenta una expansión directa, mediante practicantes y pacientes, como indirecta, bajo la adopción progresiva e inconsciente de las psicoterapias y tratamientos psicoanalíticos contemporáneos. Aun así, en el campo de la producción escrita, aún la circulación de ideas es difícil.

“Sin embargo, los profesionales cercanos que se arriesgan a comprobar si los rumores que les llegan con respecto a la terapia Gestalt cuentan con una base seria, suelen mostrarse sorprendidos por la pertinencia, la creatividad, la libertad de pensamiento y la eficacia clínica de este enfoque, que se halla lejos de resultar tan superficial como se ha pretendido hacer creer.” [5]


[1] Robine, 1998:9-10
[2] Robine, 1998: 10
[3] Robine, 1998: 10-11
[4] Ibíd.:17
[5] ibid.:26.

CONTINUARA ....